Trenes que zarpan y no vuelven. Viejos locos que orinan en sus zapatos y jóvenes que cenan pollo frío en la pequeña luz de la cocina. La ciudad a la que miras y al mismo tiempo te está mirando. El gran azul, claro. Pesadillas de guerra y cielos como techos de barro. Alguien alumbra una barbacoa en la memoria. Y se divisa un lejano oriente en donde los muertos se convierten en dioses.
La poesía de Ángel Mendoza es limpia, minuciosa, manantial pero no es tibia. Sus versos transcurren apacibles hasta que el relámpago de una imagen, de una emoción o de una idea rompe la calma chicha. Pero no hay estridencia, ni excesos, ni chillidos. Su último poemario se titula “Pájaro negro” y lo ha publicado en la valiosa colección Siltolá que dirige en Sevilla nuestro Javier Sánchez Menéndez.
Cuarenta y dos poemas, agrupados en torno a tres pretextos: “Secretos de crepúsculo”, “Entre fantasmas” y “Luz de hospital”. Pero el discurso es el mismo: el paso inexorable del tiempo, la pérdida pero también el relevo. Esto es, alguien abandona el paisaje y otro ocupa su lugar. El poeta lee “La isla del tesoro” ante la mente nublada del hombre que, en otro tiempo, se lo regaló. Los hijos ocupan la noche que antes fue nuestra. Y el pájaro negro de la vida late entre las manos.
Con esta obra, Ángel Mendoza obtuvo el premio Ecoem de Poesía a finales del pasado año. Por unanimidad, un jurado en el que figuraron Julio Martínez Mesanza, Felipe Benítez Reyes, Abel Feu, Juan Bonilla y Javier Sánchez Menéndez decidieron por unanimidad que este era "un libro brillante, con poesía fluida y de gran deslumbramiento".
Nacido en El Puerto de Santa María en 1969, comenzó por dar a conocer su obra a través de dos cuadernos de poemas, ‘La canción del verano’ (Rota, 1996) y ‘El Norte’ (Ateneo de Sanlúcar, 1999). Al año siguiente, ya publicó su cuidado primer poemario, bajo el título de ‘Pequeñas Posesiones’ (Ed. Renacimiento. Sevilla. 2000).
Le seguirían otros dos títulos - ‘Cercanías’ (Ed. Pre-Textos. Valencia. 2002) y ‘Horario de Invierno’ (Ed. Pre-Textos. Valencia. 2006) - que confirmaron su excelente buen pulso, su oficio y su sacerdocio poético. Al año siguiente, con ‘Fiesta de canciones’ (Hiperión, Madrid, 2007) incurre en la llamada poesía para niños.
Ángel Mendoza es un lector sagaz y un escritor largo, que no sólo incurre en la poesía sino en la narrativa. Ese es el caso de “Huellas de elefante”, un libro que reúne nueve relatos, en los que el pasado y sus cicatrices se ceban en sus protagonistas. Mendoza es un escritor en tránsito: "Seguramente el nacimiento de algo o de alguien es el milagro más difícil de entender y la verdad más extraña de explicar –escribe a propósito de su poema ´Nacimiento´-. Una rareza considerando que nos pasamos la existencia aprendiendo que todo acaba por ser pasto de la muerte”.
Sus versos, sin embargo, seguramente serán pasto de la eternidad.